martes, 26 mayo, 2026

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El acoso de las gaviotas que se posan sobre las ballenas que para picotearles el lomo y así alimentarse con grasa y piel provoca un estrés en los cetáceos que fue definido como “micropredación” y refuerza la hipótesis de que los ataques pueden haber contribuido al crecimiento de la tasa de mortalidad registrado entre el 2003 y el 2013. El estudio fue realizado en la Península Valdés, en Chubut.

El dato surge de la última publicación que realizó el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) bajo el título “nueva evidencia científica acerca del impacto de los ataques de gaviotas en las ballenas francas australes”, donde se expone un trabajo comparativo con colonias en otros lugares del mundo donde no existen ataques de gaviotas.

“El estudio realizado en forma colaborativa con investigadores internacionales revela que las ballenas francas australes de Península Valdés, a diferencia de las de Head of Bight en Australia, muestran un cambio de comportamiento y un mayor gasto energético debido a los ataques de gaviotas cocineras”, se lee en el texto oficial.

Se sabe por estudios previos que el acoso continuo desencadena una fuerte respuesta fisiológica al estrés y esto fue reforzado con fotografías de los ejemplares que emergen en posición oblicua para mantener el lomo sumergido intentando evitar el picoteo que les provoca heridas.

En la estrategia de evasión, las ballenas de Valdés y sus crías incrementan su frecuencia respiratoria durante los ataques e incluso cuando no están siendo atacadas con una tasa de respiración que es más alta que en otros puntos del mundo, por ejemplo Australia.