Los buques iraníes Luna, Pandi, Bering y Bella, que se dirigían a Venezuela cargados con combustible, fueron interceptados y confiscados por autoridades de los Estados Unidos por violar las sanciones impuestas por Washington. Los cuatro buques se dirigen ahora con destino a Texas.
Según el diario «The Wall Street Journal», la confiscación ocurrió sin uso de la fuerza militar. De acuerdo a la demanda iniciada por Donald Trump en los tribunales estadounidenses, el envío de los buques fue organizado por un empresario iraní con vínculos con la Guardia Revolucionaria, considerada por Washington como terrorista, a través de una red de compañías pantalla para eludir la detección de las autoridades estadounidenses.
El embajador iraní en Venezuela, Hojat Soltani, negó que su país tuviera algo que ver con los barcos, aunque no negó la procedencia ni la propiedad de la carga. La presión de la administración Trump contra Venezuela e Irán se hizo sentir fuerte con este decomiso.
La escasez de combustible en Venezuela, otrora uno de los mayores productores de petróleo del mundo, es cada vez más pronunciada por lo que en los últimos meses ha recibió millones de litros que provienen de Irán. El presidente venezolano, Nicolás Maduro, defendió su derecho a comerciar libremente con otros países y agradeció a Irán «su solidaridad, su apoyo, su valentía, su decisión».







