Un equipo de arqueólogos descubrió una tumba con los restos de un niño de 2.000 años de antigüedad junto a ofrendas y un cachorro de perro. El entierro fue descubierto mientras se realizaban excavaciones en el aeropuerto Clermont-Ferrand en el centro de Francia, en una zona que fue un asentamiento galo-romano.
Los especialistas determinaron que pertenecen a un niño de apenas un año de edad que murió alrededor de tres décadas posteriores al nacimiento de Jesus, durante la época augusto-tiberiana. A los pies del niño se encontró el esqueleto de un cachorro con un collar adornado con unos quince apliques de bronce y una campana y un diente de leche, de un niño de mayor edad, que podría haber sido de un hermano del fallecido.
También se encontraron elementos personales: una alfiler de cobre usado para sujetar una mortaja y un pequeño aro de hierro asociado a una varilla de metal (un juego de aquella época). En la tumba fueron colocados una gran cantidad de objetos, entre vasijas y ofrendas funerarias. «En este tipo de enterramientos solemos encontrar una o dos vasijas colocadas a los pies. Aquí hay una veintena, además de abundantes depósitos de alimentos», afirmó la arqueóloga Laurence Lautier, al frente de las excavaciones.
Tanta profusión de vasijas y objetos sacrificados, así como los efectos personales que acompañaron al niño en la tumba, subrayan el rango privilegiado al que pertenecía su familia.
Los adultos en la Galia romana eran incinerados, pero los niños solían ser enterrados fuera de la necrópolis, en la propiedad familiar, lo que sugiere que existía una villa considerable cerca.






