No es para alarmarse sino para pensar o, por lo menos, salir con paraguas de hierro a la calle.
Acabamos de pasar (o lo seguimos haciendo) por una zona del espacio que nos brinda el espectáculo de un lluvia de estrellas, las ETA Acuáridas, que no son más que fragmentos del cometa Halley que allí quedaron y, al paso del planeta Tierra, se desintegran en nuestra atmósfera y pedimos deseos y nos quedamos mirando con la boca abierta, pero no pasa de eso.
Hace poco conocimos la noticia de que un asteroide, el 1998 OR, pasó relativamente cerca de la Tierra. Lo hizo a algunos millones de kilómetros pero en distancias astronómicas es nada. Pero también nos enteramos que en 2029 (más o menos cuando estemos renegociando nuevamente la deuda externa) otro asteroide, al que no tuvieron la mejor idea que ponerle de nombre Apofis (en la mitología egipcia era el «dios del caos»), pasará a apenas 31.000 kilómetros de nuestra casa. ¿Nos querían asustar? Pues lo lograron.
De todas formas los cráneos de la Conferencia de Defensa Planetaria (¿?) ya tienen todo previsto y resuelto. O por lo menos eso nos quieren hacer creer. ¿Y si convocan a los Jedi?
Sin embargo no todos las cosas que caen del cielo son naturales. Como siempre, el humano mete la mano y cuando mete la mano también mete la pata.

A finales de abril los restos de un cohete ruso Soyuz se precipitaron a tierra frente a las costas de Galicia. Y ahora, acaba de caer una pieza gigante de 17 toneladas de un cohete chino lanzado a principio de mes. El descenso fue seguido de cerca no solo por tratarse de un pedazo considerable de desecho espacial (uno de los más grandes precipitados a tierra en la historia), también porque la ventana de descenso descontrolado, o sea, el período en el que no se sabe con certeza cómo va a actuar o dónde va a caer, fue la más grande en décadas. Finalmente, lo que no se quemó en la atmósfera, la providencia quiso que cayera frente a la costa de Mauritania. Amén.
Pero aquí no termina la cosa. Rusia reconoció que existen a la deriva restos de un cohete Fregat-SB que explotó el 8 de mayo. Aún no se sabe el número exacto de fragmentos (se calculan 65) ni la posible órbita de los mismos para definir posibles trayectorias o colisiones.
Al salir a la calle – los que puedan según las etapas de desconfinamiento – no se olviden de llevar tapaboca, alcohol en gel, guantes y, por las dudas, eleven la vista al cielo: si ven una estela de fuego cruzando en la dirección que sea, métanse adentro y esperen a que aclare.







