Brasil es desde hace tres décadas el principal socio comercial de la Argentina. De hecho, el comercio con Brasil representó el 22,8% del total de las exportaciones durante 2018.
Con una economía sedienta de dólares por un largo tiempo, la enemistad declarada entre el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro y su par electo, Alberto Fernández, no es sólo un juego de palabras. No será gratis.
Cada palabra de Alberto en pos de la liberación del ex presidente preso, Lula Da Silva, es tomada como una afrenta por Bolsonaro, quien no vendrá a la asunción de Fernández, y pasó de enviar a su vicepresidente a resolver que un ministro a designar viajará a Buenos Aires para el traspaso de mando. Es más, el brasileño llegó a anunciar vía twitter que tres empresas de su país abandonarían el país, y aunque las mismas empresas desmintieron la información y Bolsonaro borró el tweet, no está claro si esas compañÍa reducirán sus operaciones en 2020.
Está claro que Fernández y Bolsonaro están en las antípodas ideológicas. No es nuevo.
Los mandatarios de los países del mundo tienen sus cruces permanentes, pero siempre dentro del lenguaje de la diplomacia, porque en definitiva saben que cualquier paso más allá, tendría consecuencias económicas. Como sucede en la batalla deliverada entre Estados Unidos y China por estos tiempos. El tema es que hoy más que nunca, en el plano comercial la Argentina necesita más de Brasil, que Brasil de la Argentina.






