El desalojo del último edificio ocupado ilegalmente en Berlín desembocó en un fin de semana de violencia y destrozos en la capital. De la casa en la calle Liebig 34, convertida en un foco delictivo de extrema izquierda, fueron sacadas a la fuerza 57 personas pertenecientes al colectivo que se hace llamar «Proyecto de vivienda anarco-feminista ajeno a la estructura patriarcal» y que se negaron a abandonar el inmueble por propia voluntad.
Policías heridos, autos quemados, paradas de colectivo destruidas, vidrieras de comercios violentadas, fueron algunas de las consecuencias del operativo del que participaron varias autoridades antidisturbios.
La manifestación en torno al edificio se fue desplazando a otros distritos. A lo largo de la noche se produjeron repetidos enfrentamientos entre la policía y los manifestantes, que se servían de fuegos artificiales como armas con las que disparaban a los agentes, además de piedras, botellas y adoquines. Los testigos afirman haber visto docenas de detenciones, pero la policía no ha informado sobre el número de detenidos.
El edifico del numero 34 de la calle Liebig será devuelto a sus propietarios, una inmobiliaria que compró la propiedad a la sociedad de herederos de los propietarios originales, que nunca pudieron recuperar la casa.







