La malaria provoca 400.000 muertes por año, casi todas en África. El Plasmodium falciparum, el parásito causante del paludismo o malaria, llega al cuerpo humano a trapes de la picadura de determinadas especies de mosquitos, como el Anopheles.
El descubrimiento fue llevado a cabo por un científico británico, el doctor Jeremy Herren y su equipo que lo conforman especialistas kenianos y uno sudafricano , quienes trabajaron durante meses a orillas del lago Victoria (Kenia). Buscando microorganismos en los mosquitos que las madres traspasaran a los hijos, encontraron que en los ovarios había algo que bloqueaba y anulaba al parásito de la malaria.
Este hongo «milagroso» llamado microsporidia también fue hallado en los intestinos. Este microbio puede ser una ayuda natural para detener al parásito que produce la malaria y que a través de los años logró aprender a derrotar a los medicamentos. En la lucha entre parásito y microbio por ocupar el mismo lugar, el microbio es quien gana.
El desafío de ahora en más es descubrir como diseminar el hongo entre los mosquitos. Una posibilidad, muy difícil de ejecutar, sería instalarlo en los ovarios de la hembras. También podría difundirse en las esporas con las que se alimentan o en el agua que beben, pero nadie puede asegurar que los insectos vayan a esos lugares determinados. Otra opción es liberar machos infectados que se lo contagiaran a las hembras y éstas a su descendencia.
Un ejemplo de que es factible que funcione una solución a través del hongo y los mosquitos ya lo brindó Australia al frenar la expansión del dengue desperdigando cientos de mosquitos infectados con una bacteria llamada wolbachia.






