miércoles, 17 junio, 2026

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Las llamas se extendieron rápidamente por carpas donde dormían los refugiados, contenedores, oficinas médicas y administrativas hasta terminar todo reducido a cenizas. Los fuertes vientos, deficiencias administrativas y la falta de una política migratoria coherente que abarque a toda Europa, ayudaron a la expansión del fuego.

Lo poco que se había salvado del incendio, volvió a prenderse fuego este miércoles por un segundo foco del cual se desconocen las causas.

Ante el avance de las llamas gran cantidad de refugiados –entre ellos muchos niños– huyeron a las colinas y luego de doce hora seguían deambulando sin agua, comida o ayuda. Otros refugiados intentaron refugiarse en Mitilene, la capital de la isla, pero fueron bloqueados por la policía. El Gobierno griego, en una primera medida, envió efectivos para contener a los refugiados. Al momento no se informaron víctimas fatales.

Tras una reunión de urgencia con parte de su Gabinete, el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, informó a la Comisión Europea de la situación recordando que la cuestión migratoria “es un problema europeo”.

Construido inicialmente para albergar a 2.800 personas, rápidamente se abarrotó y a la fecha contiene a unos 13.000 refugiados, de los cuales un tercio son niños. Al inicio de la epidemia de covid-19, diversas ONG solicitaron su desmantelamiento y el traslado de los internos a campos o instalaciones más pequeñas y mejor preparadas, dado que en Moria no hay suficiente agua, jabón o inodoros para toda la población. Asimismo era imposible mantener la distancia aconsejada para evitar contagios.

El ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, instó a la Unión Europea a hacerse cargo de los migrantes tras esta “catástrofe humanitaria” y a repartirlos entre los Estados miembros que estén dispuestos a ello.