La crisis de los chalecos amarillos, en 2019, sumado a la crisis del coronavirus este año, aumentó la presión «por ansiedad¨de los policías franceses a tal punto que treinta y dos diputados de todo el espectro político francés hicieron un llamado al Gobierno y a la opinión pública.
«Es urgente hablar y dar respuesta a la ola de fondo de suicidios entre los policías, acosados en la calle, abandonados por su ministro de tutela, con frecuencia», afirmaron los diputados. El 2019, más de un policía por semana decidió poner fin a su vida. La asociación SOS Policías en peligro (SOS Pep) teme por una agravación de la crisis de fondo.
La penúltima sucesión de suicidios de policías, los días 9 y 11 de este mismo mes de junio, ha relanzado el debate de fondo. El ministerio del Interior creó la Célula de alerta y prevención del suicidio (CAPS), un servicio especial disponible las 24 horas del día. Pero para SOS Pep los 79 psicólogos a disposición se encuentran desbordados.
El estado de alerta es permanente en el cuerpo de policía francés: la tensión permanente en los suburbios de París y las grandes ciudades, los chalecos amarillos, la pandemia y un sinnúmero de manifestaciones racistas y anti racistas.
Jean-Michel Fauverge, antiguo responsable de una unidad antiterrorista de élite, comenta la crisis de este modo: «En uniforme, o en casa, los policías son hombres y mujeres que sufren, padres y madres de familia. Los suicidios entre policías aumentaron un 79% el año pasado. La pandemia ha agravado la crisis».






