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Miles de toneladas de salmones aparecieron muertos por falta de oxígeno en el fiordo Comau y canales Jacaf y Puyuhuapi; en las regiones chilenas de Los Lagos y de Aysén hace unas semanas tras un episodio de floración de algas nocivas. Este suceso, calificado como «catástrofe ambiental», movilizó a más de 60 organizaciones medioambientales chilenas que exigieron la salida de la industria salmonera de lagos, fiordos y canales de la Patagonia.  

Según denunciaron en un comunicado conjunto, se trata de «sucesos ampliamente conocidos de daño ambiental durante décadas». Por este motivo, reclamaron al gobierno chileno que no se entregue nuevas concesiones a esta industria, que no se amplíen las concesiones actuales y que en estas tampoco se permita aumentar el número de peces criados.

Las organizaciones medioambientales chilenas acusan a las propias empresas salmoneras de la catástrofe medioambiental. «Los efectos del cambio climático pueden ser aún más devastadores si se dan en ecosistemas que se encuentran enfermos. Ese es el caso de lo que está sucediendo en los fiordos y canales del sur de Chile donde se ha instalado la industria salmonera», dijo el vocero de la campaña de Océanos en Greenpeace Chile, Mauricio Ceballos, a DW.