jueves, 23 julio, 2026

NBNN RADIO EN VIVO

No hay nada peor para un político que aspira a manejar la cosa púbica que – cito a la Real Academia – tener la altivez y el apetito desordenado de ser preferido a otros. El afán por agradar, la necesidad que excede lo político de posicionarse como «el elegido» frente a los demás, convierte al político en una persona soberbia.

No hay límites dentro de ese desorden porque el fin último, que debería ser administrar la cosa pública en beneficio de todos, termina eclipsada por la necesidad de sentirse amado, necesitado y valorado. Es la trampa narcisista y egocéntrica en la que terminan cayendo.

Todos y cada uno de ellos saben a qué país se postulan para gobernar, nacieron y vivieron acá, conocen su historia, pero no se hacen cargo, la culpa es siempre del anterior. Todos y cada uno de ellos se creen un padre o madre infalible. pero una vez en la cima tropiezan, se caen, se levantan con el dedo acusatorio cuando nadie les puso el pie, simplemente no vieron (o no quisieron ver) la piedra en el camino. Y cuando se dan cuenta de que la infalibilidad es una mentira sólo les queda la soberbia.

Ejemplos en la historia los hubo y los seguirá habiendo:

  • Perón tuvo la soberbia, entre otras cosas, de creer que podía lidiar con el movimiento a derecha y a izquierda.
  • Los militares y la guerrila, la soberbia de creer que la violencia era la la solución de los problemas.
  • Galtieri y su soberbia nos llevó a la guerra contra un imperio.
  • Alfonsín, casi nos hace creer que con la democracia basta para comer, educar y curar. Salta a la vista que, de ser así, la democracia sigue en deuda permanente.
  • A Menem, ícono del narcisismo, su «apetito desordenado» lo llevó a creerse más que Perón y se vio a sí mismo como un rey rubio de ojos azules integrante del jet set vernáculo e internacional. El que hasta hoy esté aferrado a una banca del senado para que los fueros lo protejan de ir a la cárcel, dice todo lo contrario.
  • De la Rúa no se sabe bien, pero indudablemente creyó que el tema de los sobornos en el Senado no iba a implicarlo.
  • Duhalde también se creyó Perón y tuvo y tiene la soberbia de creerse el único que pude solucionar los problemas de Argentina, incluso lo que no supo resolver a su turno.
  • Kirchner se vio, como Menem y Duhalde, más que Perón y también inmortalidad, pero la vida eterna le jugó una mala pasada.
  • Cristina tuvo la soberbia de posicionarse por arriba de Perón y Evita y un escalón debajo de Dios. Pero finalmente, como todo político peronista, no le alcanzó por sí misma y terminó monologando todos los días con la estampa de Evita por detrás.
  • Macri pecó de soberbio de entrada. Primero creyó que por ser empresario, el resto del empresariado argentino se comportaría de otra manera a como lo hace usualmente. También, que por ser de centro-derecha y conocido a nivel mundial, los inversores caerían en catarata a hacer negocios a nuestro país.
  • Fernandez y sus filminas, creen que la sociedad es desmemoriada y olvidó lo que él mismo pensaba de sus socios sólo ayer.

La soberbia no se reduce a creerse infalible, como en la mayoría de los casos. Existen variados ejemplos de políticos en los que esta cualidad se manifiesta de diferentes formas. Sin ir más lejos tenemos un jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, que asume tener el poder de la videncia y saber qué hubiera pasado con el manejo de la pandemia si Mauricio Macri hubiera sido presidente. O muchos políticos que se arrogan saber lo que «la gente quiere», lo que «la gente pide», pero eso es mentira, no saben nada.

Según la definición de la Real Academia Española, la humildad es la «virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con ese conocimiento». La sociedad en que vivimos es demasiado soberbia y poco humilde y los políticos que en ella se forman, no pueden ser de otra manera. Pero tal vez por la misma razón que eligen ser políticos, debería trabajar más con la humildad, porque conociendo tanto sus limitaciones y debilidades como las del país, podrán desarrollar mejor esa tarea que es administrar la cosa pública en beneficio de todos, si es que es eso lo que desean hacer.