Algunos turistas llamaron a las autoridades de Ribadesella para quejarse del rebuzno de los burros. Otros para dar aviso del desorden dejado por las vacas.
«La semana pasada una señora nos llamó tres o cuatro veces por un gallo que la despertaba a las 5 de la mañana», señalaba Ramón Canal, alcalde de Ribadesella (municipio del Principado de Asturias) en el norte de España de unos 5.700 habitantes. «Nos dijo que teníamos que hacer algo».
Ante la situación, los funcionarios se pusieron en marcha con una campaña de carteles en la que se pide a los visitantes que «asuman todos los riesgos» de la vida rural.
«Aquí tenemos campanas de iglesia que suenan con regularidad, gallos que cantan por la mañana temprano y rebaños de ganado que viven cerca y a veces llevan cencerros que también hacen ruido», reza el cartel colocado en los últimos días en el pueblo.
«Si no puedes soportar todo esto, puede que no estés en el lugar adecuado», añade.







