domingo, 19 julio, 2026

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La Organización Mundial de la Salud (OMS), los ministerios de Sanidad de cada país y las universidades que se encargan de cuestiones médicas y estadísticas que los medios usan como referencia en la pandemia, aseguran que: nadie sabe a ciencia cierta cuánta gente ha muerto ya de coronavirus en el mundo.

Teniendo en cuenta lo anterior, el consenso general de los datos oficiales concluye que, de los 199 millones de afectados por el SARS-CoV-2, han fallecido al menos 4,24 millones de personas. Ahora, un estudio israelo-alemán desvela que por el camino de las sumas se ha perdido al menos otro millón de víctimas, no registradas como tal por regímenes autoritarios a los que interesa rebajar la crisis o directamente negacionistas y, en menor medida, por países con buena voluntad para pero sin medios para hacer el recuento.  

En todos los países, informan los expertos, hay un cierto número de personas que muere en un período de tiempo determinado debido a una variedad de factores ordinarios, como la vejez, las enfermedades diversas, los delitos violentos o los accidentes de tráfico y laborales. Estas muertes se conocen como “muertes esperadas”. Por el contrario, las pandemias, las guerras y los desastres naturales provocan muertes adicionales a esas esperadas, que van mucho más allá de lo ordinario y que se conocen como “muertes excesivas”. Es buscando las diferencias entre los años habituales y el tiempo actual cuando se detectan las lagunas estadísticas. 

Su conclusión es que este desfase “es más pronunciado en países autoritarios”, indican en el estudio. Llega a ser “honesta” una diferencia de hasta 1,5 puntos entre los datos de muertes registradas como causadas por el SARS-CoV-2 y las excesivas, porque los autores del ensayo reconocen la magnitud del problema, las dificultades de llevar un recuento perfecto y los casos dudosos que se pueden malinterpretar, arriba o abajo. Pero lo que ellos han localizado son agujeros mucho mayores, de países que tienen diferencias entre 15 y 100 veces mayores respecto a las cifras de referencia hechas públicas. 

Los mandatarios de estos estados tocan los datos, concluyen los expertos, para mostrar al resto del mundo que tienen poder, que controlan hasta lo más esencial. La magnitud de la tragedia se desconoce así fuera y dentro de sus fronteras o se edulcora, al menos.

“Esto es importante porque durante mucho tiempo hemos escuchado a algunas personas afirmar que las muertes por Covid son sólo un cambio de nombre de las muertes ordinarias (…). Solían decir que estas son personas que morirían de todos modos, pero el cálculo del exceso de muertes muestra que han estado muriendo muchas más personas de las que normalmente se verían”, concretan.