La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) anunció que es posible que una tormenta solar «golpee» nuestro planeta entre este jueves y viernes. Sin embargo la situó en categoría G1, el más bajo de la clasificación.
Para que una erupción solar afecte a la Tierra, el «chorro» de partículas cargadas que se liberan tiene que estar dirigido a nuestro planeta. Al contrario de las ondas de choque que abarcan más de 180 grados, estas tienen un rango más acotado. De todas formas el planeta tiene un escudo contra este tipo de fenómenos,el campo magnético, que desvía las partículas dañinas y cargadas del viento solar.
Las auroras boreales es nuestro campo magnético desviando las partículas altamente cargadas que provienen del Sol, impidiendo que lleguen a la superficie terrestre y tengan consecuencias para la vida en la Tierra.
De esta última «tormenta solar» se espera que la mayor parte de la nube de plasma navegue hacia el sur de nuestro planeta. Sin embargo, su borde exterior podría rozar el campo magnético de la Tierra, y eso podría ser suficiente para provocar una tormenta geomagnética menor (clase G1).
Una tormenta solar extrema podría afectarnos aquí. Por ejemplo, se han visto auroras boreales en latitudes tan extrañas como para observarlas desde el centro de Madrid a principios del siglo XX; o han causado interrupciones en el telégrafo en Norteamérica y Europa; y han apagado Broadway durante horas. Los expertos coinciden en que, si bien es un fenómeno poco habitual, sí podría volver a ocurrir.
Solar Orbiter es una de las misiones que se encuentran actualmente monitorizando el Sol con el objetivo de predecir cada vez más y mejor el clima espacial y adelantarnos a este tipo de situaciones.






