60 años después de las pruebas nucleares en las islas del Pacífico, un estudio revela alta concentración de elementos radioactivos.
Aún resonaban las explosiones en Hiroshima y Nagasaki cuando Estados Unidos comenzó con las pruebas nucleares en las Islas Marshall, en el Pacifico bajo su dominio.
Entre 1946 y 1958 realizaron 67 explosiones atómicas y aún hoy, 60 años después, el fondo marino que rodea a los atolones de Bikini o Enewetak, como el suelo y frutas que allí crecen acumulan partículas radioactivas por encima de los niveles permitidos y más aún que en Chernobil o Fukushima.
Una desgracia para el mundo, como las pruebas nucleares francesas en atolones de la Polinesia bajo su dominio, como Mururoa.






