Se sabe que el cambio climático en marcha – con cuya reversión muy pocos países están comprometidos – producirá, por el efecto del aumento del nivel del mar y desertificación de suelos, una de las más grandes migraciones humanas en las próximas décadas.
Pero no sólo la raza humana se verá afectada, miles de especies occeánicas: peces, algas, corales, microoganismos, todos ellos sensibles a la temperatura del mar, se verán obligados a migrar pero… ¿Hacia dónde?
Las opciones son dos: hacia los polos o hacia el fondo marino. Aqellas especies que por su naturaleza no puedan migrar, tenderán a desaparecer. Según un estudio del Instituto Español de Oceanografía las especies deberían migrar hacia el fondo marino 18,7 metros por década en un escenario de emisiones moderadas de gases de efecto invernadero y 32,3 metros con altas emisiones para mantener una temperatura constante hasta 2100.
El problema es que llegarán a una profundidad en que la luz solar será tan escasa que las plantas, algas y microalgas como el fitoplancton o los corales no podrán realizar la fotosíntesis. Y los peces hervíboros que se hayan desplazado no encontrarán alimento.
Los corales serán de los más afectados porque no pueden descender mucho más y en horizontal su desplazamiento también está limitado por las condiciones térmicas de zona tropical con temperaturas mínimas cálidas. A finales de siglo, su hábitat podría verse reducido en un 75 %.
Así como los cambios ocurridos en la superficie terrestre afectan lo que sucedede debajo de mares y oceanos, debemos tener muy en cuenta estas modificaciones en la flora y fauna oceánica porque de una u otra manera, también impactarán en la superficie. El planeta es uno: tierra, aire y agua; y si no lo cuidamos en su conjunto, no nos quedará nada.






