Bill Edgar es la voz de los muertos en sus propios funerales y cobra por eso, siempre por adelantado. La idea se le ocurrió mientras trabajaba como detective privado para un enfermo terminal en Australia.
«Empezamos a hablar sobre la muerte, el más allá y todo eso. Entonces él dijo: `Me gustaría hacer algo para mi funeral´. Yo le sugerí que escribiera su propio panegírico», relata. Como el hombre dijo que a su familia y amigos no les gustaría lo que tendría para decir, por lo que no leerían el mensaje, Edgar se ofreció a interrumpir el funeral y leerlo por él.
A partir de allí Bill Edgar se gana la vida interrumpiendo funerales como confesor de ataúd. «En un punto exacto del funeral me levanto, abro un sobre y leo exactamente lo que la persona en el ataúd no pudo decir», afirma.
El día de trabajo que más recuerda fue cuando el mejor amigo del difunto le ordenó que interrumpiera la lectura. «Tuve que decirle que se sentara, se callara y escuchara lo que su amigo me había dejado para leer. Y eso era que su mejor amigo había estado tirando de seducir a su esposa mientras este hombre estaba en su lecho de muerte», cuenta. Después de la intervención de Bill en el funeral, el amigo salió rápidamente por a puerta trasera. Y en nombre del difunto, a un par de personas se les pidió que se retiran del funeral.
«Es muy perturbador, pero es su funeral, entonces ¿por qué no pueden seguir el camino que quieren?», dice el confesor de ataúdes.
Por la módica suma de USD 7.000 Bill puede asistir a su funeral o velorio, leer una confesión, un testamento, buscar objetos (aunque sean comprometedores) o lo que al futuro difunto se le ocurra.
Fuente: BBC News







