jueves, 16 abril, 2026

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La fiebre por las criptomonedas se desató en 2021 en medio de economías endebles por los efectos de la crisis que desató la pandemia de Covid-19. Tanto así que el bitcoin, la más popular de esas alternativas, superó varias veces su valor máximo hasta llegar a cotizar por encima de los u$s60.000.

Sin embargo detrás del furor por el mundo cripto hay una consecuencia: el impacto ambiental por la cantidad de energía que se necesita para alimentar ese mercado.

Según un análisis del Centro de Finanzas Alternativas de la Universidad de Cambridge (CCAF, por sus siglas en inglés), si el bitcoin fuera un país, consumiría más electricidad al año que Finlandia, Suiza o Argentina. Eso ocurre porque el proceso de «minar» la criptomoneda -utilizando gigantescos servidores que no cesan de trabajar- consume mucha energía.

«Realmente es por su diseño que el bitcoin consume tanta electricidad», explicó a la BBC Michel Rauchs, investigador del CCAF, donde crearon una herramienta en línea que permite hacer este tipo de cálculos. «Esto no es algo que cambiará en el futuro, a menos que el precio de bitcoin baje significativamente».