sábado, 28 enero, 2023

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Siguiendo los pasos del Mar de Aral, su vecino, que durante el siglo XX comenzó a desearse formando dos lagos muchos más pequeños, el Mar Caspio protagonizaría la mayor tragedia ambiental del siglo XXI gracias al cambio climático.

El Mar Caspio, ubicado en Asia, viene perdiendo agua desde los años 70, en un primer momento a un ritmo de uno o dos centímetros por año.  Para un espejo de agua de unos 371.000 kilómetros cuadrados (un poco más grande que la provincia de Buenos Aires), esa disminución del nivel no era preocupante. Pero actualmente el ritmo de desecación viene siendo de entre seis y siete centímetros por año, según lo constatado por científicos holandeses y alemanes.

El agua del Caspio depende principalmente de tres factores: el río Volga que aporta el 90% de su volumen hídrico. A ello se suman las fuertes precipitaciones de invierno. Pero del lado de las pérdidas, el cambio climático hace que las mayores temperaturas están elevando el nivel de evaporación, según muestran en el estudio publicado en la revista científica Communications Earth and Environment.

A diferencia del mar Aral –que una alocada política agraria de la ex Unión Soviética y las repúblicas que la sucedieron lo convirtieron en dos pequeños mares inviables con apenas el 10% de la superficie–; al Caspio le quedaría, en el peor de los casos, un 66% de su área, con profundidades que llegan hasta los 1.000 metros.

“Al principio, no supondrá mucho para las zonas más profundas, pero, al final, la bajada del nivel del mar provocará tres efectos que podrían desencadenar anoxia (ausencia de oxígeno) también en las profundidades”, advierte Frank Wesselingh, geólogo de la Universidad de Utrecht (Países Bajos) y coautor del estudio.

Los mares y lagos interiores responden a la inversa de los océanos que están elevando sus niveles por el calentamiento.