Si bien la historieta no es un género novedoso, lo es lo que sucede desde hace dos décadas. Ha logrado mayor relevancia, tanto a nivel global –propiciado por el auge de las plataformas de streaming y sus alianzas con los gigantes del mercado– como local. No solo las editoriales grandes han incluido en sus catálogos cómics, libros de viñetas sueltas y novelas gráficas (a las que se suman biografías y sucesos históricos) con lo que también diversificaron su modelo de negocio, sino que además, en Argentina, nacieron a paso lento pero seguro, editoriales independientes dedicadas en exclusiva a su producción.
Dentro de este segmento, la especificidad y la segmentación permiten que existan no solo editoriales con catálogos completos y producciones propias ciento por ciento nacionales (ilustradores y guionistas), sino con temáticas locales y, además, especialmente destinadas al público infantil. Infobae Cultura conversó con varios de los editores que se encuentran detrás de estos proyectos que ya han dejado de ser de culto para convertirse en populares.
Pequeña industria nacional
Quien no leyó en su infancia –aún más en vacaciones– alguna historieta que tire la primera piedra. La historieta, las viñetas sueltas, los chistes están conectados con los primeros años y lecturas. El formato permite un abordaje ágil que muchas veces lo hace atractivo para niños y niñas. Sin embargo, a excepción deMafalda, Patoruzú(y las demás sagas de Dante Quinterno), cuyos destinatarios finales no eran los chicos y las chicas, aunque sí los consumieran; Humi, hito y excepción, Anteojito y Billiken, ligadas a lo escolar, eran los únicas producciones nacionales de este género a las accedía el público infantil.
Y hasta no mucho tiempo atrás, fue, también, la realidad a la que se enfrentaron ilustradores-dibujantes y guionistas, un espacio vacío. Y como tal, eran necesario habitarlo. El punto en común de casi todos estos proyectos es crear proyectos con identidad local, con edición y producción , propias y exclusivamente especializadas en el género.
Guido Barsi, coeditor de Pi Ediciones, junto con Darío Reyes –editorial que lleva este nombre simplemente por cuestiones de gustos entre ambos–, así lo cuenta: ”Pi Ediciones nació como una respuesta natural a la falta de espacio o de opciones que nos encontramos con Darío Reyes luego de haber realizado Pipo y Bartolo ¡al rescate!, una novela gráfica para chicos. Arrancamos con esa obra pensando que era un producto ideal para las editoriales, pero nos topamos con la realidad de que quienes sí publicaban historieta no incluían títulos para chicos y quienes publicaban libros infantiles no estaban interesados en sumar historieta en sus catálogos”.
Sin encontrar un lugar, “pero confiando en el producto” que habían creado y aun siendo conscientes de las implicancias y de los contras de publicar de forma autogestiva e independiente un material para chicos, decidieron publicarlo.
Algo similar cuenta Marcos Vergara, de Loco Rabia –cuyo nombre se lo deben a un personaje de su San Nicolás de los Arroyos natal, el Loco Rabia, que se les apareció cuando estaban creando la editorial–, pero unos años antes: “Nuestra editorial nació en 2008. La creamos Alejandro Farías y yo con el fin de sacar un único libro, una recopilación de historietas cortas de aquellos autores con los que habíamos compartido tantos años de festivales y eventos en los que realizamos fanzines y salíamos a buscar un público en un momento en el que la industria editorial de historietas había desaparecido –Fierro, Skorpio y las publicaciones de Columba habían cerrado para principios de los 2000–. Le pusimos un nombre a la editorial, Loco Rabia, con el fin de gestionar el ISBN de ese libro, que se llamó Traición. En ese momento no había muchas editoriales más”.
En algunos de los casos consultados, llegar a publicar historietas para los más chicos fue una suerte de consecuencia natural. Marcelo Danza, de Comiks Debriks, con amplia experiencia librera, hoy con su flamante Buenos presagios, así lo cuenta: “El proyecto surgió de un encuentro con Roberto Sotelo –Imaginaria– y Cesar Da Col, coordinadores de la colección Toing!, con la idea de darle formato de libro a tiras o páginas de historietas que habían salido en revistas y que al no contar con edición en libro se perdían, salvo para aquellos fans que coleccionaban estos recortes. También para editar historietas inéditas. En los dos primeros libros se veía la intención: Torni Yo fue un rescate de la revista Genios, mientras que Niko y Miko no tenía edición impresa. Esto ocurrió en 2010, y todavía hoy, con treintaiún libros editados y varios por llegar, seguimos en la misma senda”.
Viñetas sueltas es una asociación civil dedicada a la difusión de la historieta que surgió en 2007, cuando Thomas Dassance y Ernan Ciriani coordinaron el primer Festival internacional de historietas en 2008. “Nos fuimos sumando al proyecto hasta ser un grupo de más de diez miembros activos, luego trabajamos en Comicópolis, abrimos La Casa Viñetas Sueltas en el barrio de la Paternal, un espacio cultural para generar presentaciones, muestras y talleres”, además de funcionar como sede de la Asociación, cuenta Andrés Lozano.
En el caso de BlupInk, la búsqueda era otra, y tenía que ver con el contenido y el mensaje, tal como lo explica su editor, David Deivid: “BlupInk Ediciones es una editorial que tiene la particularidad de ser la única editorial que publica libros de historietas ambientados exclusivamente en Argentina. Este proyecto federal sitúa a cada título en una provincia diferente y con un género distinto, transformando a nuestro país en el verdadero protagonista de cada historia”. De hecho, es de las pocas editoriales que innova con una colección para niños de nivel inicial.
Un mercado en crecimiento
A partir del surgimiento, en varios casos con mucho esfuerzo, descubrieron que la recepción y la acogida era auspiciosa, como si lo hubieran estado esperando. Pero lo que más llamó su atención fue la cantidad de autores que se acercaron a presentar sus proyectos. “Fue solo anunciar la salida del libro para que una gran cantidad de autores nos ofrecieran su material para publicar”, cuenta Marcos Vergara, de Loco Rabia, lo que les permitió que en 2009 ya pudieran presentar cinco o seis títulos nuevos, hasta llegar a doce, que es el número aproximado que editan por año en la actualidad.
No muy distinto fue para Pi Ediciones: “En 2017, nació la editorial, primero como respuesta a nuestro afán de ver el material propio editado para luego pasar a convertirnos en una editorial de historieta independiente que genere el espacio que nosotros no pudimos encontrar, ofreciendo un espacio a aquellos autores nuevos y que incluya y fomente material dirigido a lectores de todas las edades”, continúa diciendo Guido Barsi.
Desde La Casa de Viñetas Sueltas se propusieron difundir la historieta entre los más chicos desde un principio, ya que, según cuenta Andrés Lozano, en los eventos percibían el interés de los padres y de los chicos por aprender y leer más historias. “Así que junto con Aleta Vidal generamos el Taller de dibujo e historieta para chicos, un espacio creativo muy lindo, en donde hemos generado fanzines, exposiciones dedicadas solo a su trabajo. Es impresionante el nivel de dibujo avanzado de muchos de los chicos y chicas”, cuenta, y agrega que “muchos chicos anhelan pasar de lectores a ‘Autores’”.
Diego Rey, de Hotel de las Ideas, postula las alianzas como alternativa para crecer, por lo que se asociaron con Mamut, una colección de España, dirigida por los argentinos Maxi Luchini y Ed Carosia, que fue trasladado a la Argentina con autores locales. Y en 2021, publicaron Zonia y el fuego, de Fer Calvi, y Noni, de Sole Otero.
Ir más allá
BlupInk –nombre que surgió por el fanatismo de Deivid por La Pantera Rosa y la idea de homenajearla con un logo que tuviera una tipografía similar sumado a dos de sus colores favoritos, azul y rosa, “así que hice un juego de palabras rebuscado con ‘azul’, ‘tinta (en inglés) y ‘rosa’; por lo tanto, el nombre bien puede ser “Blue – Pink” (azul y rosa) o “Blup – Ink” (el blup sería la onomatopeya de una gotita de tinta al caer)”– apuesta por, como ya explicó, rescatar y diferenciarse por ciertos temas y su tratamiento: “Nos interesa romper ciertas convenciones preestablecidas, hablar de los diferentes tipos de familias y sobre las diferentes realidades de cada individuo, por eso publicamos libros como Héroes en el aula, una historieta que trata sobre el bullying escolar, o Zoila Zombie (Premio ALIJA 2015), que cuenta las aventuras de una nena zombie dispuesta a ayudar a los demás y a romper estereotipos y reflexionar sobre lo que significa ser diferente”.
En algunos casos, como sucede con Viñetas Sueltas, no se han limitado a a editar historietas, sino a propiciar eventos y actividades en torno a ella, como el dictado de Viva la caca, un taller de dibujo de Gustavo Sala basado en su libro homónimo. “Hicimos una colonia de vacaciones con proyecciones de películas, cortos animados y talleres que iban más allá del dibujo, como stop motion, escultura y máscaras, y también el evento Viñetas de Invierno, que lo hacíamos durante las vacaciones y duraba todo un domingo con talleres gratuitos y chocolatada y medialunas de por medio”, cuenta Lozano.
Futuro promisorio
Es unánime entre los entrevistados el hecho de que por diferentes motivos, ya sea por los planes de lecturas, los dibujos animados y series animadas en las plataformas, la libertad de las infancias para elegir sus consumos o el famoso “boca a boca”, los proyectos resisten y no solo han capeado las tormentas, sino que se han vigorizado.
Deivid, de BlupInk, dice que como editor, amén de los vaivenes económicos, cree que el sector está atravesando un gran momento: “En los últimos años hubo una explosión de editoriales independientes para todo público, el cine popularizó las historietas como nunca antes; los servicios de streaming las adaptan en formato series y, por supuesto, las grandes editoriales publican cada vez más historietas aprovechando los lanzamientos comerciales y apostando por instalar nuevas licencias”.
Para Guido Barsi, de Pi Ediciones, en la actualidad, es un nicho con mucho potencial y con bastante camino por desarrollar. “Por suerte se ha consolidado con una base muy fuerte de oferta y demanda, esto permite que no sea un salto tan a ciegas empezar a publicar una historieta para este mercado. Diego Rey, de Hotel de las Ideas, por su parte, cree que este cambio se dio paulatinamente, que cuando su editorial nació, pocos proyectos se dedicaban a novela gráfica e historieta para los más chicos en exclusiva, y señala a Comiks Debris como una de las precursoras, a la que le siguieron otras.
Y Marcelo Danza, de Comiks Debris, recoge el guante y subraya lo dicho por Rey: “Cuando comenzamos con la colección Toing! no había prácticamente ediciones de historietas, mientras que en este momento ya hay varias editoriales dedicadas exclusivamente a su edición, y las grandes editoriales también apuestan a editar, ya sea con colecciones propias o incluyendo en su catálogo historietas, y muchas se animan al sector infantil. Es un momento muy bueno de creación en el género. Los chicos que se acercan a él se entusiasman mucho con la forma de narrativa que ofrece la historieta y se ven muy representados por autores como Chanti, Marko Torres, El Bruno”.







