Miles de judíos jasídicos viajan cada año a la ciudad ucraniana de Umán -a 209 kilómetros al sur de Kiev- para celebrar el Rosh Hashaná (Año nuevo). Allí se encuentra la tumba del fundador de la rama de los jasídicos, el rabino Najmán de Breslau (1772-1810), una de las más ortodoxas.
Este año, por la pandemia de coronavirus, los peregrinos se encontraron con la frontera de Ucrania cerrada y bloqueados en la zona neutral que separa a Ucrania de Bielorrusia.
Desde el martes miles de judíos ultraortodoxos se furon concentrado en el paso fronterizo de Nóvie Yarilóvichi con la ilusión de que en algún momento se les permita pasar a Ucrania. Pero Kiev dio orden a finales de agosto de impedir que sigan entrando extranjeros en el país a causa del empeoramiento de la situación epidemiológica.
El ministro del Interior ucraniano, Arsén Avákov, anunció que los peregrinos están siendo atendidos en Nóvie Yarilóvichi -el paso fronterizo- con «agua, alimentos y medicinas». El jefe del Servicio Fronterizo de Ucrania, Serguéi Deineko, estuvo ayer en la frontera y trató sin éxito de convencer a los congregados de desistir de su idea de trasladarse a Umán, se quejó de que no observan distanciamiento social y muchos ni siquiera llevan mascarilla.
Desde Ucrania culpan a Bielorrusia por esparcir falsos rumores de que la frontera está abiert, la cual permanecerá cerrada al menos hasta el 28 de septiembre. Según cálculos del Servicio Fronterizo, en el paso de Nóvie Yarilóvichi había ayer más de 3.000 jasídicos.






