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Cuando suceden hechos que se perciben como trascendentales, se marcan instantes bisagra en la historia de una persona, un país o la humanidad entera.

La llegada del hombre a la luna, una pandemia global, el ganar un campeonato mundial de fútbol que enfervoriza a todo un país, una toma de consciencia profunda y auténtica que cambia a alguien para siempre, un duelo o una tragedia, son algunos ejemplos con distintos polos según se los perciba.

En ese instante la sensación es que nada volverá a ser igual que antes. Es un instante de liminalidad, suspendido en el tiempo y en el espacio.

Qué es la liminalidad, el punto de quiebre en cualquier transformación

Siempre existe un umbral en el que todavía no se manifestó lo que viene, que es una bisagra en la vida. Se le llama liminalidad.

Se trata de un concepto fascinante que se ha explorado durante siglos. Es un estado entre dos mundos, un punto de transformación y un espacio de potencial, ya sea de una persona o grandes grupos sociales a través de su imaginario colectivo.

Etimológicamente, se entiende como liminalidad a «la cualidad de encontrarse en un estado de transición o de estar entre dos estados o condiciones». Es el abismo simbólico entre lo que fue y lo que será. Por lo tanto, no es un espacio físico, sino fundamentalmente emocional, espiritual y de sentimientos.

Quien postuló el concepto liminal fue el antropólogo Arnold Van Gennep, etnólogo francés del siglo XIX. Lo definió como un cierto estado de confusión y ambigüedad que sucede en el umbral de los grandes cambios. Lo asoció con los rituales de iniciación o los pasajes de un estado a otro tras una prueba muy desafiante.

A partir de estas ideas, más tarde el doctor Paul Larson lo llevó a la psicología, porque consideró que permite profundizar en las transiciones de las personas.

Cuánto dura ese umbral cargado de incertidumbre

Así como en los ejemplos del comienzo hay acontecimientos felices y otros dolorosos, en cualquiera de los casos la liminalidad es un estado que empieza y termina. Tiene fases, y nunca dura para siempre. Es decir que ese momento de umbral es la bisagra para dar lugar a una nueva etapa.

Dependiendo de las herramientas y recursos con que se cuenten, puede durar menos o más tiempo. Lo que sí se sabe es que se lo vive como una escalera: hay momentos de tensión, dolor e incertidumbre, y pueden seguir picos de euforia y adrenalina, y nuevamente, un bajón que después se vuelve a remontar. Y así, sucesivamente.

Por lo general, puede llevar desde semanas a meses el proceso completo, y depende también del tipo de acontecimiento: en los seres humanos tienden a pasar más rápido los momentos felices que los dolorosos.

Ejemplos de liminalidad en la vida diaria

Hay muchos ejemplos prácticos de la liminalidad en la vida cotidiana, donde los transitamos a veces sin darnos cuenta.

Una persona que cambia de trabajo puede experimentarla. Se encuentra en un estado de transición entre su antiguo trabajo y el nuevo, y quizás sienta ansiedad y entusiasmo al mismo tiempo. Se trata de un estado liminal que puede servir para explorar los pensamientos y sentimientos más profundos y encontrar el valor para hacer cambios positivos en la vida, y superar la incertidumbre.

Otra forma de verla: alguien que está pasando de una relación a otra. Se encuentra en un estado de transición, y puede sentir miedo y esperanza al mismo tiempo. Seguramente en ambos casos tendrán picos de alegría y de inquietud, de entusiasmo y de desazón o angustia.

También hay liminalidad en la espera de un diagnóstico, en la espera hasta el nacimiento de los hijos, en el abrir los ojos después de haber estado en coma por algún episodio de salud, y en el despertar de consciencia por alguna revelación, creencia o desarrollo personal.

A su vez, la liminalidad está en cada momento “wow” que  hace que nos desprendamos de aquello que fuimos, y deja surgir lo que podemos ser. Entonces, abrazamos la transformación y nos conducimos irremediablemente hacia lo nuevo.

En cuanto a toda una sociedad, hay liminalidad en la esperanza de futuro frente a cambios estructurales en un país, en las caídas muy profundas de la economía y el tiempo de resurgimiento posterior, o en cómo se viven los logros del equipo de fútbol nacional que quizás muchos dudaban en poder conquistar, por ejemplo.

A nivel de toda una comunidad, a través de esta experiencia compartida se crea un sentimiento de identidad y comprensión compartidos. Esto puede conducir a una mayor sensación de conexión y pertenencia y, en última instancia, a una sociedad más fuerte y sana a partir del sentimiento que se genera y que parece unir más a las personas.

Cómo navegar por los umbrales de la vida

La clave para navegar por la liminalidad es reconocer que es un proceso. Como es una secuencia, será necesario ser pacientes y abiertos de mente. Habrá aprendizajes y experiencias del pasado que se mantendrán, aunque otras pueden ser borrados de raíz para construir lo nuevo.

Los momentos dolorosos, así como los de intensa felicidad y logros pueden ser estresantes para muchas personas. En estos casos, buscar apoyo profesional es lo más apropiado. Por ejemplo, un espacio de terapia, counselling o de coaching por profesionales certificados, te permitirá compartir las emociones y sentimientos que aparezcan en esos instantes bisagra del devenir humano. De esta forma podrás re-significar, darle un nuevo significado a lo que te sucede.

Así, mientras se empieza a construir lo nuevo a partir de ese “umbral liminal” que parecía eterno y detenido en el tiempo, cuando pase el tiempo, tomarás consciencia de que, justamente allí, se estaba germinando tu futuro.