En las últimas horas, el Gobierno dejó trascender que ya está trabajando en un plan minucioso con las medidas que tomará la gestión de Mauricio Macri a partir del 11 de diciembre, si consigue su reelección.
Francisco Cabrera, que se fue cuestionado por su baja performance como ministro de Producción en los primeros años de Cambiemos; Mario Quintana, otro de los desplazados ante la primer crisis político-cambiaria de septiembre de 2018 y Andrés Ibarra, ex ministro de Modernización, devenido en vice jefe de Gabinete. Nadie nuevo, difícilmente genere nada nuevo.
La información, filtrada con precisión desde Casa Rosada, suena a un acto de preservación del círculo íntimo macrista frente a la incorporación del peronista Miguel Ángel Pichetto. Pero también refleja que la apertura no es tal a la hora de encarar los desafíos que tendrá un nuevo gobierno del ahora Juntos por el Cambio.
Sin nombres nuevos, sin hombres y mujeres nuevas, sin ideas diversas, sin aprender de los últimos cuatro años de endogamia PRO, resulta difícil creer que los próximos cuatro años sean más eficientes y con mejores diagnósticos y recetas para la compleja enfermedad social económico que padece la Argentina. Lo dijo Einstein y se venden en posters de colores desde entonces: «no esperes resultados diferentes si siempre haces lo mismo».