domingo, 14 junio, 2026

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Muchas son las secuelas que quedan con el COVID, pero muy pocas veces se había oído hablar del «síndrome anal inquieto». El último caso se dio en un hombre de 77 años que, tras superar la enfermedad, tuvo que ser trasladado a un hospital con profundas molestias anales, las cuales los médicos interpretaron como consecuencias directas de haber sido víctima del coronavirus.

Al obtener el diagnóstico tras una colonoscopia, el doctor Itaru Nakamura descubrió que el paciente tenía hemorroides internas, pero ningún otro daño rectal, llevándole a pensar que era una consecuencia directa del COVID-19 basada en la afección neurológica que causa un impulso irresistible de mover las piernas, además de sensaciones desagradables en las extremidades.