jueves, 29 septiembre, 2022

NBNN RADIO EN VIVO

Cada argentino produce 55 kilos de desechos plásticos al año, un problema de contaminación que crece día tras día, pero que es difícil de solucionar si se plantea en términos extremos. Ante la alta dependencia de la sociedad a ese material, en los últimos años el planteo giró hacia la cantidad que se usa y a qué se hace con él y no tanto a su prohibición.

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), anualmente se producen en el mundo más de 400 millones de toneladas de plástico y apenas el 9% de los desperdicios es reciclado. Ese 91% que no se reutiliza suele tener como destino el mar, en donde por efecto del agua se pueden fragmentar y generar microplásticos que afectan la vida marina.

Así, fueron surgiendo emprendimientos que reciclan o reutilizan el plásticopara extender la vida útil de un material que demora hasta 500 años en degradarse; también los que crean alternativas biodegradables.

“Lo asociamos directamente a la contaminación, pero lo que daña al planeta es el uso indiscriminado”, dijo a TN Luciano Bochicchio, creador de Marote, un emprendimiento que recicla plástico para reconvertirlo en productos de diseño de vida útil más extensa.

Un principio de solución

Mientras la ciencia avanza hacia alternativas no plásticas para el uso cotidiano y la sociedad toma conciencia de ir reduciendo su utilización innecesaria o excesiva, un principio de solución es separar los residuos y adquirir productos reciclados.

“El plástico es un material que avanza día tras día y tiene el beneficio de que se puede reciclar una y otra vez. Nosotros reciclamos nuestros propios residuos”, dijo Leonardo Rothpflug, de ReAccionar.

Pero tanto para el reciclado de una única vez como para la reciclabilidad del plástico, es necesaria la toma de conciencia y el apuntalamiento de políticas públicas que lo promuevan.

“Muchas personas van tomando conciencia y van abriendo los ojos respecto de la contaminación por plásticos. Esto lo vemos reflejado directamente en el aumento constante de clientes que traen sus plásticos domiciliarios a nuestro Store de San Isidro”, dijo Malcolm Rendle, de Bond, un emprendimiento que fabrica gafas de sol y marcos de lectura con plástico 100% recicladoorgánicasbiodegradables y hasta compostables.

Bond creó la campaña Pagá con plástico, que permite acceder a un descuento del 2% por cada kilo de plástico domiciliario que se entrega; un beneficio que es acumulable para luego canjearlo por productos de la marca. Un total de 50 kilos equivale un par de gafas sin cargo. Además, si ya se adquirió un par y se lo quiere renovar, se puede llevar a Bond para que se vuelva a reciclar y acceder a un 30% de descuento en el próximo par.

Vamos incentivando las prácticas de reciclaje hasta que se transforme en un hábito, pero principalmente queremos que tomen conciencia para reducir el consumo de este material”, explicó Rendle. Hasta ahora, llevan acumulados más de 60.000 kilos de plástico.

En este proceso, la educación juega un rol fundamental. Más allá de las iniciativas que llevan adelante escuelas y docentes, crece el interés de los alumnos por el cuidado del medio ambiente.

En el séptimo año de la Escuela Técnica de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) crearon el Taller de reciclado de plásticos. “Está orientado al reciclaje y la reutilización de materiales plásticos que otros consideran basura, como tapitas, envases, entre otros. Es un material noble que tiene la capacidad de reconvertirse, además, ayudamos a reducir un poco la contaminación de nuestro entorno”, dijeron a TN los alumnos.

Reciclar, una pata de la economía circular

Todos necesitamos de los productos que contienen plástico, la cuestión está en elegir los que forman parte de una economía circular, en donde el reciclado y la reutilización forman parte del ser comunidad.

“En Marote elegimos reciclarlo, en primer lugar, porque somos conscientes de que existe una problemática a nivel mundial de sobreproducción, con descartes plásticos que, de no reciclarse, terminan contaminando nuestro entorno, poniendo en riesgo a todas las especies. Usamos el diseño como herramienta para el cambio, creando acciones y productos con plásticos posconsumo desde una nueva perspectiva, con tecnología simple y accesible, de forma ética y sustentable”, explicó Bochicchio.

A estos emprendimientos se los considera de triple impacto: involucran a la sociedad (ya sea a través de cooperativas o de la toma de conciencia en el separado de desechos); reducen la contaminación ambiental, y crean una cadena de valor que, atendiendo las dos consignas anteriores, genera beneficios económicos a una empresa, emprendimiento, cooperativa o institución.

“Con su misión en el nombre -Bond significa “vínculo”, en inglés-, el proyecto busca generar una relación entre la comunidad y el medio ambiente. Las gafas nos parecían un símbolo para empezar a ver las cosas de otra manera y desarrollamos un producto 100% reciclado que generara cero desperdicios en un proceso 100% circular”, dijo Randle.