Las abuelas nos miman, nos dan los gustos, nos dejan hacer, nos cocinan lo que nos gusta y, por sobre todo, siempre nos defienden. Esto no solo ocurre con los humanos. Las abuelas orcas también velan por sus nietas y nietos.
Así lo demuestra un estudio de investigadores estadounidenses y británicos que durante 50 años estudiaron dos poblaciones de orcas sedentarias que viven frente a las costas occidentales de Canadá y EE UU. Con toda la información recopilada (edad, sexo, crias, parentesco, muertes, etc) han podido comprobar la validez de la hipótesis de la abuela, en las orcas: al librarse de la reproducción, las abuelas pueden ayudar a criar a las hijas de sus hijas.
En PNAS (https://www.pnas.org) se publica que la probabilidad de morir de las crías en los dos años siguientes a la muerte de su abuela es hasta 4,5 veces mayor que las jóvenes que la conservan. Las hembras de mayor edad tienen experiencia en guiar a sus familas hacia zonas donde hay comida, especialmente las hembras menopáusicas o posreproductivas, más en épocas de escacez de salmón, su principal alimento.
Los machos suelen vivir unos 30 años. Mientras, las hembras alcanzan la madurez sexual a partir de los 10 años, llegando a la menopausia sobre los 40 y aún viven otros 40 años o más. Esas cuatro décadas son un extra para la supervivencia de su linaje a través de sus nietos.






