Hay tantas formas de divertirse como habitantes tiene el mundo. A algunos los divierte salir con amigos, ir al cine, un espectáculo de música, un parque, quedarse en la cama mirando tele, leer un libro o una simple cena. A otros los divierte tomarse una pastilla, aspirar polvo blanco, el contenido de envoltorio de papel o el de una jeringa.
Todos estamos proclives a ser objeto de acoso por «aburridos»: «¿No porreás? ¡Qué aburrido!», «¿No tomas alcohol? ¡Qué aburrido!», «¡Probá! No seas aburrido»
Lo cierto es que la diversión no necesita de aditamentos para ser divertida. Uno puede pasarlo muy bien sin necesidad de drogarse o emborracharse, porque en definitiva, clavarse una pastilla de éxtasis, una jeringa o tomar de más, es eso.
No hay malos ni buenos, sólo personas que deciden divertirse a su modo. Cada uno debe hacerse responsable y asumir los riegos que esa «diversión» implica.







