En el mes de abril el sismólogo del Observatorio Real de Bélgica, Thomas Lecoq publicó en en la revista Nature un estudio en el que informaba de que la paralización de las actividades humanas estaba teniendo como consecuencia la reducción de las vibraciones de la Tierra.
En una investigación más amplia, junto a cinco instituciones científicas internacionales, Lecop confirmó que las diferentes medidas adoptadas para frenar la expansión de la pandemia han dado lugar al «silencio sísmico» más largo y pronunciado de toda la historia registrada de la Tierra. Esa tranquilidad, además, permitió que sismólogos de todo el planeta capten las señales de terremoto más débiles, normalmente ocultas por el ruido humano. Dichas»escuchas» ayudará a diferenciar con más precisión que nunca el ruido sísmico natural del provocado por nuestras actividades diarias.
El llamado ruido sísmico es causado por vibraciones que viajan por el interior de la Tierra en forma de ondas. Esas ondas pueden ser provocadas por terremotos, volcanes, bombas… pero también por el tráfico, las fábricas y otras formas en que se manifiesta la incesante y continua actividad humana.
La mayor reducción de ruido se dio en zonas urbanas. Si bien hay épocas del año como Navidad, Año Nuevo o noches de fines de semana donde el ruido es escaso, es la primera vez en la historia que la falta de ruido antropogénico (causado por el hombre) tiene tan larga duración.
Empezando por China a finales de enero y siguiendo por Europa y el resto del mundo en marzo y abril, los investigadores siguieron la «ola» de calma hasta mayo a medida que las distintas regiones del globo iban tomando medidas para atajar la pandemia. Para ello se valieron de 268 estaciones sísmicas de 117 países.
El parón global dio a los sismólogos una ocasión sin precedentes para escuchar las vibraciones naturales de la Tierra sin las distorsiones del aporte humano. El estudio, por ejemplo, explica que durante el periodo de calma fue posible escuchar las primeras y aún débiles señales de un terremoto en ciernes, que no se hubieran identificado en épocas de actividad humana normal.
Las mayores reducciones de vibraciones se produjeron en ciudades super pobladas como Nueva York o Singapur; aunque también en áreas remotas como las Selva Negra de Alemania o en Namibia, se comprobó la disminución de ruido sísmico.





