La generación Z o centennials, sucesora de los millennials y que abarca a los nacidos entre mediados de la década de 1990 y mitad de la década de 2000, es claramente la más preparada para adaptarse a las restricciones y cambios de vida que implica la cuarentena.
Para nosotros, los centennials, nacidos en la era de internet, nativos en las nuevas tecnologías, no es novedoso tener que asistir a clases virtuales o pasar de encontrarse con amigos a tener que comunicarse con ellos a través de videollamadas en aplicaciones como Houseparty, una red social que permite, a diferencia de WhatsApp, un video chat grupal de hasta ocho personas.
Las aplicaciones disponibles son, para nosotros, una herramienta útil para combatir el distanciamiento social generado por la cuarentena y hacer que el impacto del aislamiento sea físico y no emocional.
En cuanto al entretenimiento, las plataformas digitales de contenido audiovisual, como Netflix, están asociadas desde siempre a la generación Z, porque ya pasamos varias horas buceando entre series y películas en nuestras tablets o celulares, como parte de nuestra rutina social. Y está claro que serán una de nuestras aliadas durante la cuarentena.
El mismo rol cumplirán las videoconsolas como PlayStation o Xbox, que además de ofrecer entretenimiento, permiten estar comunicado con otras personas. De hecho, en países como Italia, cuando se declaró la imposibilidad de salir a la calle, se disparó el consumo de internet y una de las principales causas fue el videojuego Fortnite, que permite jugar en línea con amigos durante horas. Otra costumbre de nuestra generación.
Por otro lado, aplicaciones como TikTok, con un tono más humorístico y menos comunicacional, nos permiten saber como viven en el mundo los pertenecientes al grupo Z. Los jóvenes del mundo exponen en las pantallas sus maneras de llevar la cuarentena y de sobrellevar el aburrimiento que nos invade e invadirá a muchos. La globalización, fuertemente vinculada con los centennials, es nuestro termómetro. Y la certeza en primera persona de que los argentinos no somos los únicos que viven esta situación, se instala hasta con cierta naturalidad entre nosotros.






