jueves, 23 abril, 2026

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Habiendo tantos nombres posibles para elegir, unos padres neerlandeses optaron por uno que no está permitido por las normas de su país. Lejos de amedrentarse, armaron las valijas y fueron a parir a Bélgica, donde allí sí pudieron llamar Brian Feyenoord al pequeño recién nacido.

Brian, vaya y pase, es un nombre muy usado también en estas tierras. Pero cualquiera que no sepa mucho del idioma (ni de fútbol) podría suponer que llamar «Feyenoord» a un niño, es usual en la tierra de los molinos.

No es así: ese es el nombre que la legislación neerlandesa no permite. Entonces, como en Bélgica son más flexibles, los padres no repararon en gastos: se trasladaron al país vecino y el niño gestado neerlandes terminó siendo belga. El interés de los padres no era residir ni pedir la ciudadanía belga sino sólo poder llamar a su hijo como el equipo de fútbol del que son fans, por lo que regresaron a su país y las autoridades ya no pudieron negarse a registrar al niño con sus dos nombres: «Brian Feyenoord».

Ahora bien… ¿Están tan seguros esos padres que su hijo será hincha del Feyenoord sólo por llamarse como su equipo de fútbol preferido? ¿Y si resulta que su primer mejor amigo se hace hincha del Sparta Rotterdam y él quiere ser como su a migo? ¿Y si nunca llega a interesarle el fútbol demasiado como para hacerse hincha de ningún equipo, ni siquiera del de sus padres o hermanos?

Padres… padres… madres… madres… deberían pensar un poco más en su prole y menos en sus propios y extravagantes gustos y fanatismos.