Si los resultados nacionales fueron una sorpresa, lo que sucedió en la provincia de Buenos Aires era impensado. María Eugenia Vidal, la dirigente argentina con mejor imagen positiva. Le ganó uno de los líderes de La Cámpora, Axel Kicillof, por casi 13 puntos: 47,39 para el economista, y 34,19 para la gobernadora de la provincia.
El vidalismo quiso desdoblar las elecciones sin éxito. Sin segunda vuelta, la idea era que fuera en julio pasado, y un eventual triunfo terminara siendo un impulso para el propio Macri. Nada de esto sucedió, por la oposición principalmente del jefe de Gabinete Marcos Peña, que terminó en la decisión presidencial de desterrar el pedido de Vidal. «Marcos soy yo», repitió en estos años el Presidente, cuando le sugerían que en más de alguna ocasión el jefe de Gabinete no era precisamente certero en sus diagnósticos. Quizás la enseñanza sea que uno sólo puede asegurar que es uno mismo.






