Los resultados a nivel nacional y en la provincia de Buenos Aires son, a primera vista, irreversibles. Tendrá tiempo el macrismo de analizar las razones y los errores forzados de su gobierno, pero por lo pronto de aquí a diciembre necesitará definir cómo quiere terminar su gestión.
El gran perdedor del día fue claramente el jefe de Gabinete Marcos Peña, que se jactó siempre de ser infalible a la hora de instrumentar campañas electorales exitosas. Las críticas u observaciones tuvieron para el jefe de ministros la misma lectura: es el círculo rojo que no entiende nada de lo que la gente piense. Se puede ganar durante mucho tiempo, pero alguna vez se pierde. Le pasó a Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires, con un recién llegado a la político como Francisco De Narváez, en 2009.
La provincia de Buenos Aires fue la sorpresa de la jornada. Y también la muestra del error garrafal de Peña y el Presidente, por escucharlo. María Eugenia Vidal quiso desdoblar las elecciones para tener la posibilidad de obtener un triunfo, como lo hicieron otros gobernadores, como el radical jujeño, Gerardo Morales. Pero el jefe de Gabinete fue contundente: ganamos o perdemos juntos. Hoy, hubiese sido un alivio, haber logrado la reelección de Vidal en la provincia, pero ya es contrafáctico.






