Tiene varias derrotas encima y una carrera plagada de resurrecciones. Elisa Carrió es hoy el principal sostén político del Presidente Mauricio Macri, luego del inesperado desastre electoral en las PASO del domingo 11 de agosto. Un resultado que todavía Macri y sobre todo la gobernadora María Eugenia Vidal, no terminan de digerir políticamente.
Está claro que fallaron las encuestas. Todas. Que la infalibilidad del dúo histórico que formaron durante años Marcos Peña y Jaime Durán Barba no existe más. Y que cuando se está acostumbrado al éxito, es mucho más doloroso y shockeante perder.
Y es ahí donde ingresa la templanza de Lilita. En la adversidad es donde mejor se mueve. Por eso se subió al escenario el domingo de la derrota, aunque en el búnker de Juntos por el Cambio trataron de evitarlo. Y fue ella la que acompañó a un Macri estupefacto en los últimos días, con sus anécdotas históricas, y palabras de aliento.
Carrió es la nueva jefa de campaña. Es la victoria de la política sobre la big data. Quedó claro en la reunión de Gabinete ampliado en el CCK, y mucho más nítido en la mesa de Acción Política que se hizo el lunes en Olivos, en donde se sentó a la derecha del Presidente. Y en el PRO, sobre todo, la ubicación lo dice todo.
Lilita, como demuestra su propia historia, puede ser el salvavidas que necesita el espacio para navegar las aguas turbulentas hasta octubre. Con o sin plomo. Todavía, no se sabe.






