jueves, 23 abril, 2026

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Durante mucho tiempo – y aún hoy – la preocupación de Europa fue la inmigración ilegal, especialmente la proveniente del Magreb. Los países del norte de África son los mayores aportantes de inmigrantes que se arriesgan a cruzar el Mediterráneo en barquitos endebles hacia las costa italiana o española, principalmente. Ya conocimos el trabajo de organizaciones como Open Arms, que rescatan a estos desplazados del medio del mar y tratan de que los países europeos los reciban y den asilo.

Pero el coronavirus dio vuelta las cosas, como no podía ser de otra manera. Aunque el flujo migratorio de Africa a Europa es menor, hoy también los gomones hacen el camino inverso con inmigrantes que vuelven a sus países de origen.

Principalmente marroquíes y argelinos pagan hasta de 5.400 euros para embarcarse de regreso a su tierra, huyendo del covid y el parate económico que conlleva. A finales de marzo un grupo de 100 marroquíes se embarcó en dos botes inflables para volver clandestinamente a su país: el viaje terminó en una playa de Larache, al norte de Marruecos. Una vez en tierra el grupo se dispersó para evitar a las autoridades.

El cierre estricto de las fronteras por parte de Marruecos tampoco permitió que trabajadores temporales que realizan su actividad en Ceuta o Melilla (enclaves españoles en Africa) pudieran volver su país a las puertas del Ramadán, el mes más sagrado para los islámicos.

La congresista Rita Hatimi por el Movimiento Popular, sostuvo en el parlamento: «El brote del virus en España llevó a los ciudadanos marroquíes a llevar a cabo una contra-migración ilegal a través de botes de la muerte, o a infiltrarse en camiones de transporte internacional de mercancías desde Europa a Marruecos, después de encontrarse en una situación difícil debido a la epidemia y la falta de oportunidades de trabajo.»

También los argelinos se embarcaron clandestinamente de regreso a su país. No sólo desde España sino también desde Italia, donde operan las mafias de la inmigración ilegal. Algerie 360 publicó que «sorprendente e inusualmente, los barcos no se dirigían a las costas de la península Ibérica, sino que regresaban a Argelia desde España.»