Mallorca soprende desde la llegada por el tamaño de su aeropuerto, alguna vez, uno de los más concurridos de Europa. los aterrizajes y despegues en temporada veraniega son incesantes. Como variadas las nacionalidades de quienes arriban.
Palma, su capital y los alrededores reúnen todo lo que un viajero puede buscar: mar, playa, historia, buena y variada comida, un barrio antiguo, «movida», y adentrándose en la isla, nieve, montañas y, por sobre todo, buena gente.

La Catedral («La Seu», en mallorquín), de estilo gótico se comenzó a construir en el siglo XIII y tiene una de la naves más altas de Europa. «La Seu» es la elegida por los reyes de España, cada año, para celebrar las Pascuas.
Pero no todo es Palma. La isla alberga ciudades y pueblos antiquísimos, como puertos exclusivos. Un recorrido nos lleva a Alcudia con su muralla medieval y sus construcciones en piedra; Puerto Pollensa, donde nace el amor; Valdemossa, un pueblo antiguo rodeado de montañas verdes; Port Adriano, con yates de todos los tamaños y banderas de todos los colores.
Cap Formentor, hay que verlo. Las cuevas del Drach, un tunel que bordea un río subterráneo colmado de estalagtitas y estalagmitas que termina en un lago, también subterráneo con una increíble acústica. Sa Calobra, una cala a la que se llega luego de atravesar un tunel.

Cap Formentor, asombra por sus acantilados, el mar azul y el viento que hace pensar que se está en el fin del mundo
No se puede dejar de mencionar las playas, algunas como S’Arenal, una larga franja de arena y mar bordeada por hoteles lujosos, bares y boliches. O las famosas calas, pequeñas playas bañadas con aguas transparentes y cálidas, rodeadas de acantilados. Y también merece una mención especial la sierra de Tramontana, donde el Puig Major es el cerro de mayor altura con sus 1436 metros.
El tiempo fluye mientras nuestros pasos nos llevan por todos los paisajes de Mallorca. Nadie puede sentirse defraudado luego de visitar la isla porque Mallorca ofrece demasiado, para todos los gustos, todo cerca y de calidad. Sin duda es un destino para volver y volver, porque aunque parezca que todo es igual, en cada viaje algo nuevo queda por descubrir.






